De la Amazonía al Pantanal: Onçafari impulsa corredores ecológicos para proteger la biodiversidad de Brasil
Con 12 reservas y más de 126 mil hectáreas protegidas, Onçafari busca conectar ecosistemas de Brasil y fortalecer la conservación de su biodiversidad.
- Redacción AN / SH

Brasil alberga una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta. Sin embargo, la expansión agropecuaria, la deforestación, los incendios y el crecimiento urbano han transformado extensas áreas naturales en territorios cada vez más fragmentados, lo que representa un desafío para la supervivencia de numerosas especies.
Tan solo en 2025, el país perdió 984 mil 794 hectáreas de vegetación nativa, de acuerdo con cifras de MapBiomas Alerta. Aunque esta superficie representa una reducción del 20.6 % respecto a 2024, las pérdidas acumuladas siguen siendo considerables: entre 2019 y 2025 se deforestaron más de 10.9 millones de hectáreas en territorio brasileño.
La fragmentación ocurre cuando carreteras, campos agrícolas, pastizales o asentamientos humanos dividen los ecosistemas en áreas más pequeñas y aisladas.
Estas barreras dificultan el desplazamiento de la fauna, la búsqueda de alimento y la reproducción. También pueden afectar el flujo genético entre poblaciones y alterar procesos ecológicos que dependen de la conexión entre hábitats.
Frente a este escenario, los corredores ecológicos se han convertido en una estrategia para mantener o recuperar la conectividad entre áreas naturales. Su función es facilitar el movimiento de las especies y favorecer el intercambio genético, en lugar de mantener los espacios protegidos como territorios aislados.
Bajo este enfoque trabaja Onçafari, una organización brasileña dedicada a la conservación que ha ampliado sus esfuerzos de protección territorial mediante la adquisición y gestión de reservas privadas.
De proteger reservas a conectar ecosistemas
En 2019, Onçafari creó su Frente de Florestas (Frente de Bosques), una línea de trabajo enfocada en proteger áreas naturales estratégicas para la biodiversidad y fortalecer sus conexiones con otros territorios conservados.
Ese mismo año, la organización adquirió su primera propiedad en la Amazonía, a orillas del río São Benedito, en el sur del estado de Pará.
El terreno se encuentra dentro del llamado Arco do Desmatamento (Arco de la Deforestación), una región marcada históricamente por el avance de la frontera agropecuaria sobre la selva amazónica.
De acuerdo con la organización, la adquisición tuvo como objetivo frenar el avance de la deforestación y conservar una porción de bosque amazónico. A partir de entonces, la protección de territorios propios se incorporó a su estrategia de conservación.
Posteriormente, Onçafari extendió sus acciones al Pantanal, donde adquirió la Reserva Santa Sofia, ubicada en el municipio de Aquidauana, con una superficie aproximada de 34 mil hectáreas.
Esta reserva pasó a formar parte de una estrategia de conservación que reúne distintas propiedades de la región y contribuyó a la creación de la Aliança 5P (Alianza 5P), integrada por propietarios que trabajan de manera conjunta en la conservación y el uso sostenible del territorio.
Actualmente, el corredor asociado con esta alianza abarca más de 400 mil hectáreas, según la información proporcionada por Onçafari.
La organización también incorporó otras propiedades en la Amazonía y el Pantanal, entre ellas las reservas São Francisco do Perigara, São Benedito y Onça Preta.
En conjunto, Onçafari cuenta con 12 reservas privadas distribuidas entre la Amazonía, el Pantanal y la Mata Atlántica, que suman más de 126 mil hectáreas protegidas.
Estas propiedades forman parte de una estrategia más amplia que busca fortalecer la conectividad ecológica y contribuir a la construcción de un corredor entre la Amazonía y el Pantanal.
Una estrategia de conservación que cruza fronteras
La expansión territorial de Onçafari también alcanzó la Mata Atlántica, uno de los biomas más amenazados de Brasil.
En 2026, la organización adquirió su primera propiedad en esta región: una reserva de 12 hectáreas ubicada en Capanema, en el estado de Paraná, a orillas del río Iguaçu.
La adquisición está vinculada con la estrategia de conectividad de la Jaguar Rivers Initiative (JRI), una iniciativa internacional que busca restaurar, proteger y reconectar ecosistemas a lo largo de la cuenca del río Paraná.
El proyecto reúne a cuatro organizaciones sudamericanas: Rewilding Argentina; Nativa: Naturaleza, Tierra y Vida, de Bolivia; Fundación Moisés Bertoni, de Paraguay; y Onçafari, de Brasil.
Su área de actuación comprende aproximadamente 2.5 millones de kilómetros cuadrados.
A diferencia de las estrategias de conservación delimitadas por fronteras políticas, la iniciativa toma como referencia los ríos y los ecosistemas que conectan distintos territorios, con el propósito de impulsar acciones de conservación a escala continental.
La participación de Onçafari parte de su experiencia en Brasil, especialmente en el Pantanal, donde desarrolla actividades de protección territorial, ecoturismo, monitoreo de fauna, prevención y combate de incendios, así como la creación de corredores ecológicos.
Reservas privadas con protección permanente
La adquisición de terrenos es una de las herramientas utilizadas por Onçafari para conservar la vegetación nativa y mantener las condiciones necesarias para la supervivencia de la fauna.
Sin embargo, la compra de una propiedad no constituye por sí sola una garantía de conservación permanente. En Brasil existe una figura de protección que permite establecer ese compromiso a largo plazo: las Reservas Particulares do Patrimônio Natural (RPPN).
Se trata de unidades de conservación privadas creadas voluntariamente por sus propietarios para proteger de manera permanente la diversidad biológica.
Una vez establecida esta categoría, la protección del área se mantiene incluso si la propiedad cambia de dueño.
Las RPPN también permiten actividades como la investigación científica y la educación ambiental, de acuerdo con la normativa aplicable y el plan de manejo de cada reserva.
En el caso de Onçafari, la Reserva Santa Sofia incorporó esta figura mediante la creación de la RPPN Pata da Onça, destinada a la conservación de la biodiversidad en el Pantanal.
La protección territorial forma parte de un modelo de trabajo más amplio de la organización, que comprende ocho áreas: ecoturismo, reintroducción de especies, ciencia, incidencia, prevención y combate de incendios, bosques, trabajo social y educación.
Del jaguar a la conservación de la biodiversidad
El trabajo de Onçafari comenzó con una pregunta relacionada directamente con el jaguar (Panthera onca): ¿cómo proteger a una especie que casi nadie conseguía ver?
Con el paso de los años, ese planteamiento dio lugar a una estrategia de conservación que va más allá de una sola especie.
La supervivencia del jaguar depende de la existencia de bosques y otros ambientes naturales conservados, fuentes de alimento y agua, espacio suficiente para desplazarse y poblaciones saludables de presas.
Por ello, la protección de su hábitat también implica conservar las condiciones ecológicas necesarias para numerosas especies que comparten esos territorios.
A través de la adquisición, gestión y conexión de reservas, la Frente de Florestas busca integrar propiedades individuales en una estrategia territorial más amplia.
El objetivo es mantener paisajes ecológicamente funcionales y favorecer la conservación de la biodiversidad brasileña a largo plazo, en un país donde la pérdida y fragmentación de los ambientes naturales continúan representando desafíos para sus ecosistemas.
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Con información de Onçafari.
Para más información sobre el trabajo de esta ONG de Brasil, visita oncafari.org
Traducción y redacción por Samantta Hernández Escobar



