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“La xenofobia siempre es autodestructiva”: George Makari

El historiador y psiquiatra estadounidense explora los orígenes del racismo en su nuevo estudio ‘Del miedo y los extranjeros’.

  • Redacción AN / HG
20 Sep, 2026 06:45
“La xenofobia siempre es autodestructiva”: George Makari

Por Héctor González

La xenofobia es un estado más arraigado de lo que creemos, sostiene el historiador y psicoanalista estadounidense George Makari (Nueva Jersey, 1956) en su nuevo libro Del miedo y los extranjeros (Sexto Piso).

Ganador de premios como el Gradiva y el Hartman Award, el también director del Instituto de Psiquiatría DeWitt Wallace, Makari hace un recorrido histórico a través de un concepto que en los últimos años parece haber tomado fuerza en varios países, entre ellos el suyo, cuya historia advierte oscila entre momentos de gran apertura hacia el migrante y periodos de una xenofobia extrema.

¿Podría encontrarse el origen del miedo a los extranjeros en el colonialismo o la conquista?

Es probable que el simple miedo a los desconocidos forme parte de la condición humana. No nos resulta fácil interpretar a los extranjeros y esa incertidumbre genera ansiedad. Esa ansiedad, como yo la llamo, se alivia con una mayor exposición al desconocido y una mejor comprensión de él. La xenofobia es un estado más arraigado, en el que ese miedo menos radical a los extranjeros se transforma en estados fóbicos y paranoicos.

¿Cómo explicamos el hecho de que, a pesar de que la especie humana es migratoria, siga existiendo el miedo a los extranjeros?

Nuestra historia migratoria, tal vez, junto con nuestras capacidades lingüísticas y el contacto con otros a través del comercio, debería habernos llevado a encontrar una forma de manejar mejor nuestro miedo hacia los demás. Muchos, desde Adam Smith hasta Kant, esperaban que la interdependencia económica fuera la solución. Sin embargo, dada la historia de violencia humana, no hemos logrado superar el problema. A veces avanzamos, pero luego parece que nos vemos arrastrados por la misma fiebre de miedos y fobias.

¿Cuál es la diferencia histórica entre el miedo a quienes son diferentes, el racismo y la xenofobia?

Contamos con muchos términos específicos para nombrar a las víctimas de la intolerancia: homofobia, antisemitismo, islamofobia, racismo o misoginia. La xenofobia desvía nuestra atención de esos términos —que destacan al grupo difamado— hacia quienes difaman. Nos invita a reflexionar sobre lo que le sucede a la persona que odia de esa manera. En el libro hago una larga exploración de este proceso que es más común de lo que imaginamos.

Mientras exista el nacionalismo, ¿habrá xenofobia?

El nacionalismo ha sido una fuente de xenofobia, pero, como lo dejan claro los ejemplos anteriores, no es la única.

Mencionas que el término “xenofobia” surgió a finales del siglo XIX; ¿en qué momento surgió de manera exacta?

Sí, esto me sorprendió. Pensaba que el término “xenofobia” se remontaba a la Antigüedad griega, ya que proviene de dos raíces griegas. De hecho, descubrí que fue acuñado en julio de 1900 por un taquígrafo de Reuters en París, quien estaba transmitiendo relatos sobre la Revuelta de los Boxers en China. Así que el término en sí, si no el fenómeno, tenía una fecha de inicio concreta que estaba muy ligada al contexto del colonialismo. Y lo más extraño fue que el término se utilizó por primera vez con connotaciones xenófobas. Se decía que los chinos, los franceses y otros eran xenófobos por atacar a los colonos europeos.

¿En qué sentido la xenofobia conduce a la autodestrucción, y cómo se relaciona esto con la historia de Estados Unidos?

A la larga, la xenofobia siempre es autodestructiva. Recurrir a estereotipos y proyecciones para manejar los problemas sociales internos implica que nunca se abordan los problemas reales. Así que sí, tanto en individuos como en grupos, la xenofobia representa una incapacidad para autocorregirse y, por lo tanto, resulta propicia un autodestructiva. Estados Unidos es un caso fascinante, ya que se concibe explícitamente a sí mismo como una nación formada por inmigrantes —sin tomar en cuenta a los pueblos indígenas— y se asume como un país comprometido desde sus documentos fundacionales con la igualdad. Si no conocieras nada de historia, podrías pensar que Estados Unidos habría tenido menos apoyo ideológico para los brotes de xenofobia. Pero la realidad es que la historia de mi país ha oscilado entre períodos de impresionante apertura hacia migrantes y de intensa xenofobia.

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