“Necesitamos pensar temas como la construcción de la paz de manera analítica”: Claudio Lomnitz
El antropólogo impartió la conferencia “El imaginario de paz de la Guerra contra el narco”, en El Colegio Nacional.
- Redacción AN / HG

La guerra contra el narco, en especial al momento de identificarlo como un enemigo que está amenazando al Estado mexicano mismo, “en un tiempo desde Los Pinos, hoy desde Palacio Nacional”, se está generando una fórmula de reforma estatal y de concentración del poder a nivel federal, aseguró Claudio Lomnitz, miembro de El Colegio Nacional, al dictar la conferencia “El imaginario de paz de la Guerra contra el narco”.
Como parte del ciclo Pensar la paz (en tono menor), el antropólogo social enfatizó que la imagen del cártel, del crimen organizado y del narco como el enemigo lleva a construir un imaginario y eso tiene muchísimas consecuencias, por lo cual primero habría que preguntarse ¿qué es específicamente “un cartel”?, porque no ha sido una cosa muy clara, sino “un término que se estaba usando en Colombia, se pasó a México junto con la entrada de México al tráfico de la cocaína y la articulación de grupos de contrabandistas mexicanos o narcos mexicanos con las organizaciones colombianas”.
“Entonces, se importa un término y, al mismo tiempo, se da un cambio en la organización que es requerida para el narcotráfico. Por eso, por ejemplo, no he abandonado el uso de la palabra cártel, pese a ser muy ambiguo lo que puede querer decir, porque sí me parece que hubo con estos movimientos, a partir de finales de los años 80, un cambio en la organización social del contrabando de drogas, el tráfico, la producción de drogas, a pesar de eso hay también muchísimas cosas que no se entendían ni se entienden todavía respecto a qué clase de organizaciones estamos hablando”.
“¿Qué es lo que significa exactamente ‘un cártel’?”, se volvió a preguntar el también historiador, más allá de esté convencido de que hoy día este más claro que en la época de Felipe Calderón, cuando se dio la declaratoria de la guerra contra el narco, porque justamente con las políticas de ese momento hubo un proceso de desarticulación de algunas organizaciones grandes y de otras que, en teoría, agrupan a muchos actores sociales que permitieron “la construcción de un montón de organizaciones chicas”.
En el mismo proceso de la guerra contra el narco, se ha ido mostrando que la palabra cártel es muy ambigua, no se sabe muy bien exactamente a qué se refiere. Eso significa reconocer discusiones que ha habido respecto a si, por ejemplo, la formación de los Zetas a partir de un grupo militar hubiera sido, en términos de su organización y de su economía, algo muy distinto a los grupos surgidos en la sierra madre occidental, en la zona de Sinaloa, de Durango o de Chihuahua.
“El tema de la identificación del enemigo como una cosa que llamamos el narco o como una cosa que llamamos el cártel, tiende a opacar un poco, o a dejar muy ilusoria la idea de que hemos identificado algo claro y eso ha sido una parte importante de esta estrategia.
El problema de la guerra contra el narco es que crea un imaginario de lo que se entiende como el cártel o como el narco, y si te pones realmente escarbar esa cosa no es un solo actor, porque se podría llegar a una serie de narcotraficantes de alto nivel y no tocar, en lo más mínimo, a la mafia carcelaria, porque ya están en la cárcel, o a una serie de pandillas que no son cárteles ni narcos, pero sí están articulados al movimiento de una economía ilícita que, se supone, es la que está amenazando a la sociedad”, resaltó el catedrático universitario.
En ese sentido, se cuenta con una identificación de un problema, aun cuando se está pisando en falso. Con la declaración del enemigo como el narco y como el cártel, se está construyendo una imagen retórica, “y esa imagen, en realidad, es casi una necesidad de la fórmula política de la guerra contra el narco”.
La guerra contra el narco
La fórmula de la guerra contra el narco es muy sencilla, es una fórmula que dice “aquí tenemos un enemigo interno que está amenazando al Estado mexicano y, por medio del Estado mexicano, a la sociedad mexicana toda, y ese enemigo interno se llama cártel, se llama narco”.
“Entonces, nosotros, el Estado mexicano, la sociedad mexicana vamos a erradicar este mal para instituir y reforzar la ley, el Estado de derecho, con lo que el Estado queda como el abanderado de la ley contra este enemigo interno que está queriendo minar la posibilidad de construir una sociedad común, una sociedad regida por las leyes”.
Si bien advierte que se trata de la opinión de alguien que es catedrático y no encargado de tomar decisiones, en el manejo del discurso se ha producido un error, “y grave”, porque no se imagina al Estado de derecho como un horizonte de lucha, “en lugar de un hecho que tú, desde el Estado vas a proclamar”.
“Lo que vas a tener cuando lo proclamas desde el Estado es lo que ya se tuvo en la guerra contra el narco”, a decir de Claudio Lomnitz: “las masacres, los ajusticiamientos extrajudiciales, los encarcelamientos masivos de personas que no sabe uno muy bien quiénes son ni por qué están siendo metidos allí”.
“El tema del Estado de derecho quedó planteado con esa fórmula con una nitidez exagerada: está el enemigo y el estado de la ley, y el enemigo es la criminalidad, la criminalidad narca, la criminalidad del cártel; sin embargo, cualquier sociedad en la que se haya logrado cierto espacio para la ley, lo que ha habido es un proceso histórico de lucha por un Estado de derecho, no simplemente la instauración de un Estado de derecho.
Todos los países que tienen muy claro los límites de su Estado de derecho son resultado de triunfos históricos, de siglos de lucha de gente para apuntalar su derecho y no de un monarca británico “increíblemente fantástico” o de un Parlamento que llegó y “dijo esta es la ley y así se va a seguir”.
“Eso no fue así, ni siquiera en los países considerados como parangones del Estado de derecho: imaginar que, de la noche a la mañana, ibas a instaurar esa cosa, en una economía, donde tienes un 60% informal, que está siendo regulada por policías corruptas, con actividades en las que el Estado no es suficiente fuerte como para regular, no puedes hacer algo así sin que sea una fórmula realmente muy violenta”.
La idea de la guerra contra el narcotráfico tuvo de origen ese problema, que es que, al identificar esa actividad económica como enemiga y contraria a lo más básico de la sociedad, “abrió la puerta tanto a la racialización de un montón de actividades, como a un fracaso de un movimiento para ir adelantando el Estado de derecho, que sí está en el interés colectivo”.
Pensar la paz
Claudio Lomnitz adelantó que no le interesa maquillar relaciones informales, pero sí pensar en opciones para afrontar estas décadas de violencia en nuestro país, donde siempre habrá tendencias y necesidades de arreglos informales entre gobiernos o aparatos de gobierno y diferentes actores.
“Una de las cosas que me parece intuitivamente importante para empezar a pensar temas como construcción de paz o, por lo menos, la construcción de la seguridad como un bien público, entre todas las pocas cosas que se intentan y que se han intentado en México en estos años tan violentos, está en la necesidad de abordarla de manera analítica, lo que significa de manera crítica. Pero también buscando encontrar cosillas rescatables o cosillas que hayan podido quizá funcionar, más o menos, de manera acotada o que no sean tan fáciles de desechar”.
Una crítica que vaya hacia la construcción de procesos de paz va a tener necesariamente que ir rescatando prácticas de las que se han desarrollado en las últimas décadas y, algunas de esas pueden no ser ni siquiera legales, ni muy agradables, pero hay que irlas pensando; como la construcción de órdenes cotidianos en torno de situaciones económicas que están al margen de la ley, no necesariamente “actividades terriblemente violentas”, porque una buena parte de las economías informales está constantemente fuera de cierto código normativo, ya sea sanitario o de ordenamiento urbano.
“El comercio informal, que es tan importante en la vida económica, social, cultural de este país y que lo ha sido siempre –creo que nadie en su sano juicio estaría en contra de ella o pensaría en declararle la guerra–, a pesar de que se trata de una actividad que ha estado al margen de las diferentes normas, de distintas agencias de estado y esa marginalidad frente a la normativa significa que se ha ejercido rutinariamente cierto uso de la coerción por parte de la policía o por parte de diferentes inspectores, para ayudar a darle un ordenamiento. Sin hablar del tema de la corrupción, que está ahí”.
Para Claudio Lomnitz, vale la pena mantener en alguna parte de nuestro pensamiento esas posibilidades; por ejemplo, cuando se habla de la pax narca: “quizá no debamos no dejar que queden saco roto, que se tenga eso en mente si está uno pensando en procesos de paz y de pacificación”.







