Hall y Woodford ganan el Nobel de Economía 2026 por sus investigaciones sobre estabilización macroeconómica
La Academia Sueca destacó que sus investigaciones sentaron las bases de modelos utilizados actualmente por bancos centrales y gobiernos para enfrentar fluctuaciones económicas.
- Redacción AN / MDS

La Real Academia Sueca de Ciencias otorgó este lunes el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel 2026 a los economistas estadounidenses Robert E. Hall y Michael Woodford, por sus investigaciones sobre los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica.
El reconocimiento fue concedido a ambos investigadores “por los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica”, de acuerdo con el anuncio de la Academia.
Hall, nacido en 1943 en Palo Alto, California, es profesor de la Universidad de Stanford y obtuvo su doctorado en 1967 por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Woodford, nacido en 1955 en Chicopee, Massachusetts, es profesor de la Universidad de Columbia y obtuvo su doctorado en 1983 por el MIT.
La Academia destacó que los dos economistas desarrollaron nuevos modelos macroeconómicos que mejoraron la capacidad para aplicar políticas de estabilización destinadas a reducir las fluctuaciones de la economía.
Sus investigaciones sentaron las bases del paradigma conocido como Nueva Economía Keynesiana, cuyos modelos parten de fundamentos microeconómicos, es decir, de las decisiones que toman hogares y empresas, para explicar fenómenos macroeconómicos.
La investigación de los galardonados permitió desarrollar modelos que ayudan a determinar cómo las medidas fiscales y monetarias pueden utilizarse para moderar las etapas de expansión y contracción económica. La Academia señaló que estas herramientas son utilizadas actualmente por bancos centrales y ministerios de Finanzas en distintos países.
La política de estabilización busca reducir las fluctuaciones económicas para evitar periodos prolongados de desempleo elevado, bajo crecimiento o inflación descontrolada. Entre las herramientas disponibles están los cambios en las tasas de interés y las modificaciones a impuestos y transferencias.
El trabajo de Hall y Woodford cobró relevancia a partir de las limitaciones que enfrentaron los modelos keynesianos tradicionales durante las crisis petroleras de la década de 1970. En ese periodo, las relaciones entre variables macroeconómicas como inflación, desempleo, consumo y producción se volvieron menos estables de lo que habían supuesto los modelos utilizados hasta entonces.
La inflación aumentó pese al incremento del desempleo, mientras que la relación entre los ingresos de los hogares y el consumo dejó de comportarse como se esperaba. Esto contribuyó a un periodo de bajo crecimiento, desempleo elevado y alta inflación en los países occidentales.
Frente a esas limitaciones, los nuevos modelos incorporaron fundamentos microeconómicos para explicar cómo las decisiones de millones de hogares y empresas determinan los resultados de la economía en su conjunto.
Uno de los principales aportes de Robert E. Hall estuvo relacionado con el comportamiento del consumo de los hogares. Su investigación partió de la idea de que las decisiones de consumo dependen de las expectativas sobre los ingresos futuros.
Hall planteó que, si los hogares modifican su consumo únicamente cuando reciben información nueva y relevante sobre el futuro, los cambios en el consumo no deberían poder predecirse. La hipótesis fue presentada en un artículo publicado en 1978 y se convirtió en un referente para el desarrollo de la investigación moderna sobre el consumo.
Posteriormente, Hall y Fredric Mishkin utilizaron datos de hogares individuales para mostrar que alrededor de 80 por ciento de ellos tomaba decisiones de consumo de acuerdo con esa teoría, mientras que el resto vivía con ingresos disponibles para el consumo inmediato. La proporción puede variar con el tiempo y entre países.
La Academia señaló que esta distinción entre hogares que consideran sus ingresos futuros y aquellos que toman decisiones con recursos disponibles en el corto plazo se convirtió en un elemento importante de los modelos macroeconómicos utilizados actualmente por bancos centrales y ministerios de Finanzas.
Por su parte, Michael Woodford desarrolló un modelo macroeconómico de la Nueva Economía Keynesiana basado en fundamentos microeconómicos. Su libro publicado en 2003 reunió resultados de investigaciones previas y presentó un modelo que se convirtió en referencia para los modelos de este tipo desarrollados posteriormente.
El modelo permite analizar, entre otros aspectos, qué ocurre con el producto interno bruto y la inflación cuando se modifica la tasa de interés y cómo deben ajustarse las tasas para estabilizar la inflación en determinadas condiciones económicas.
Un elemento central de la propuesta de Woodford es que las decisiones de consumo dependen de las expectativas de los hogares sobre sus ingresos futuros y de las tasas de interés. La investigación también mostró que los bancos centrales pueden estimular o frenar la actividad económica mediante ajustes en las tasas de interés.
El modelo incorpora además la forma en que las empresas establecen sus precios y considera que estos no pueden modificarse constantemente cada vez que cambian la demanda o los costos de producción. Por ello, las empresas toman sus decisiones considerando sus expectativas sobre el futuro.
De acuerdo con la Academia, esta característica hizo que la credibilidad y transparencia de los bancos centrales adquirieran una importancia práctica mayor, debido a que la comunicación sobre sus planes y decisiones puede influir en las expectativas de hogares y empresas.
Woodford también introdujo el concepto de brecha del producto, que mide la diferencia entre el nivel efectivo de producción y el nivel que existiría si los precios pudieran ajustarse libremente y la demanda estuviera alineada con la oferta.
Los modelos desarrollados a partir de estas investigaciones también permiten analizar los llamados choques de oferta, como aumentos repentinos en los precios de la energía o alteraciones en las cadenas internacionales de suministro.
La Academia destacó que las herramientas desarrolladas a partir del trabajo de Hall y Woodford han sido utilizadas para enfrentar crisis económicas recientes, incluidas la pandemia y las crisis energéticas, y han permitido responder a recesiones y episodios de inflación sin consecuencias tan prolongadas como las registradas durante las crisis de la década de 1970.
John Hassler, presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas, afirmó que “el trabajo de los galardonados nos ha proporcionado una base teórica estable para los modelos que ahora utilizan los bancos centrales y los gobiernos de todo el mundo. Con ellos, estamos mejor preparados para hacer frente a las perturbaciones de la economía, como las crisis energéticas o los cambios repentinos en el consumo de los hogares”.
La Academia señaló que los modelos de la Nueva Economía Keynesiana continúan desarrollándose y adaptándose a las distintas circunstancias económicas de hogares y empresas. Actualmente son utilizados por ministerios de Finanzas y bancos centrales de distintos países para tomar decisiones de política de estabilización.
El premio está dotado con 12 millones de coronas suecas, cantidad que será repartida en partes iguales entre Hall y Woodford.

