"La cultura es fundamental en la vida de un país": Enrique Krauze
El historiador presentó 'Obras 1. Caudillos culturales en la Revolución mexicana', que inauguró la colección Obras reunidas, editadas por la institución.
- Redacción AN / HG

“No me siento un caudillo cultural, pero quisiera pensar que ahora queda claro que la cultura tiene un lugar fundamental en la vida de un país”, sostuvo el historiador y editor Enrique Krauze, al presentar en El Colegio Nacional, la reedición de su libro Caudillos culturales en la Revolución mexicana, que inaugura sus Obras reunidas.
En el Aula Mayor de la institución, abundó que “la cultura es música y arte y danza, conocimiento, historia, filosofía; es enseñanza, pero, sobre todo, está en los libros y en las aulas, en las artes, en todo eso que Vasconcelos propició y que estos caudillos culturales crearon”. El título, originalmente aparecido hace 50 años, repasa la vida de los intelectuales de la generación de 1915, conocida como de los Siete Sabios y pone énfasis en Manuel Gómez Morín y Vicente Lombardo Toledano.
Krauze agregó que pese a intentos autoritarios “no han podido destruir” lo creado por la camada de intelectuales de los que se ocupa. “Está muy agrietado, va a haber que hacer muchas labores de fondo, pero la cultura de México, esa que crearon estos hombres. Es indestructible”.
En la presentación del volumen, editado por El Colegio Nacional, acompañaron al historiador el crítico literario Christopher Domínguez Michael, el escritor Enrique Serna, y el politólogo y periodista Jesús Silva-Herzog Márquez.
En su intervención, Krauze recordó que, tras participar en el Movimiento estudiantil de 1968, quiso conocer el “decepcionante papel de los intelectuales” tras los hechos, que, con excepción de Daniel Cosío Villegas y Octavio Paz, se fueron con Luis Echeverría. “Naturalmente mis simpatías estaban con quien se oponía al nuevo presidente de la República, y entonces yo quería estudiar cómo había sido la experiencia de los intelectuales”.
Con la intención de comunicar sus intereses, acudió a la oficina de Cosío Villegas que mantenía en el piso 24 de la Torre Latinoamericana: “Él era mi maestro en El Colegio de México, y le dije que estaba leyendo mucho sobre el Ateneo: Henríquez Ureña, Reyes, Vasconcelos, Antonio Caso…, y me dijo: ‘mejor estudie a mi generación [de los Siete Sabios], porque nadie la ha estudiado, está olvidada. Al Ateneo ya lo estudiaron mucho’”.
Años después, Krauze habría de conocer la carta que su maestro Cosío Villegas le envió a Manuel Gómez Morín diciéndole: ‘presento este joven que quiere estudiar a nuestra generación’. “Así nació, como un acto de justicia para contar la historia de esta generación olvidada, Caudillos culturales en la Revolución mexicana, que me llevó cuatro años de investigación”.
Búsqueda espiritual de la Revolución
La escritura del libro, recordó, representó la posibilidad de aprender sobre el arte de narrar la vida de una persona, tarea a la que después ha dedicado buena parte de su trayectoria intelectual: “Yo encontré que el biógrafo debe tener empatía, espíritu de comprensión con sus biografiados”.
Así sucedió con Vicente Lombardo Toledano. “Un día le pregunté a Gómez Morín qué opinaba de Lombardo Toledano, y me dijo, Vicente es un espíritu religioso, y me di cuenta qué profundo afecto tenía por Lombardo Toledano, con quien había peleado porque Lombardo era partidario de la educación socialista y Gómez Morín de la libertad y de la autonomía universitaria”.
Cuando se acercó al filósofo y político “acababa de morir en el 68”, pero su hija Adriana, entonces directora de la Universidad Obrera, le enseñó el archivo completo de su padre, donde pudo conocer de primera mano su infancia y el fuerte lazo familiar que formó su carácter.
Fue así, dijo, “que encontré cuál es la vocación del biógrafo: es no perder de vista el bosque, sí, pero a veces concentrarse en los árboles y las flores, muy concretamente, y lo encontré y lo hice con mucho cuidado y amor, y una vez comprendido eso, entendí, digamos, que Lombardo tuvo una especie de desapego, una búsqueda espiritual en la Revolución”.
Por el contrario, Gómez Morín “era un hijo huérfano. Su padre murió a los meses de nacido y lo educó su madre en Batopilas, Chihuahua, luego en Parral, luego en León, Guanajuato, luego vino a México, y para esta mujer su vida era su hijo, fue muy cercana amiga de López Velarde, y así creció Manuel Gómez Morín: desde la mayor orfandad, hasta convertirse en el constructor de instituciones extraordinario que fue”.
Pasado constructivo y presente de destrucciones
Para Jesús Silva-Herzog Márquez, Caudillos culturales en la Revolución mexicana “nos sirve para entender ese pasado constructivo y para entender también el presente de destrucciones. En estas vidas encontramos las semillas seguramente de la tecnocracia y del populismo y reconocemos, ante todo, la urgencia de hacer algo por México, apreciar y reemprender la vocación creativa de México”.
El politólogo recordó que se trata del libro más académico de Krauze, pero donde se vislumbra el “talento narrativo” de su autor. “Quizá junto con el libro La reconstrucción económica (1924-1928) puede ser el más académico de los trabajos de Enrique Krauze, no podía ser de otra manera, porque se trata del trabajo que presentó en El Colegio de México para obtener el título de doctor, pero lo que me parece muy importante es que, incluso en este texto tan estricto y rigurosamente académico, lo que encontramos es una muestra del talento narrativo de una innegable vocación de estilo”.
El epígrafe de Caudillos culturales…, agregó, “es, por demás, certero para entender el tono en el que está escrito este libro: ‘Toda la historia de la vida de un hombre está en su actitud’ y esto es lo que encontramos: retratos de la actitud de una generación y, particularmente, retratos de las actitudes de dos de sus personajes centrales: Manuel Gómez Morín y Vicente Lombardo Toledano”.
“En los personajes que habrían de fundar dos partidos diametralmente opuestos: Acción Nacional y el Partido Popular, que después se llamaría Partido Popular Socialista, y que Vasconcelos reconocería como talante revolucionario”, estimó.
Cultura y caudillismo
El crítico literario Christopher Domínguez Michael, miembro de El Colegio Nacional, recordó que tuvo en sus manos la primera edición de Caudillos culturales en la Revolución Mexicana por herencia de la biblioteca de su padre: “Todos los sábados iba a la librería Hamburgo y Zaplana y salía con cajas de libros porque no fue un joven que tenía dinero para comprar libros, entonces cuando empezó a tenerlo, hizo una biblioteca que en buena medida yo heredé”.
La lectura de ese primer libro de Krauze, señaló, se volvió fundamental para aprender a leer historia intelectual: “Yo estaba educado en la idea de que las personalidades no importaban y que la historia era una ley que se iba cumpliendo inexorablemente, lo cual era una contradicción en las propias diferentes obediencias marxistas que siempre tenían el culto a algún tipo de ideólogo, pensador, político o asesino”.
“Leer historia intelectual, como ahora la entiendo, fue en buena medida por ese bautismo que me dio Enrique con su primer libro. Me hizo descubrir que las vidas eran importantes y me hizo descubrir a personajes que se volverían decisivos en mi formación intelectual, aparte del propio Enrique” afirmó el colegiado.
Domínguez Michael consideró que la sociedad necesita de personajes como los caudillos culturales de los que se ocupa Krauze: “necesitamos de ese tipo de jefaturas, caudillajes, inspiraciones, denle el nombre que ustedes quieran, pero la cultura necesita, como decía José Luis Martínez, de organizadores, la cultura no puede ser un mundo de solitarios desinteresados de la vida pública, encerrados en la proverbial torre de marfil”.
“Sino con una actividad honorable, constructiva, como constructivos son todos los personajes de Caudillos culturales en la Revolución mexicana, y como ha sido, profundamente constructivo, Enrique Krauze que, sin lugar a duda, forma parte de los hombres que construyen, y ha construido mucho”.
El escritor Enrique Serna resaltó dos cualidades que aparecen en el primer libro de Enrique Krauze y que han persistido a lo largo de toda su obra: “Una de ellas es el interés por los personajes de la historia que no figuran en el altar de la patria, porque no fueron héroes de la espada, sino héroes discretos, que se dedicaron a educar, a fundar las instituciones que educaron a millones de mexicanos, o que les dieron medios de subsistencia”.
La segunda cualidad, señaló, “es el cultivo de la biografía breve. Las excepciones de esto, del cultivo de la biografía breve, serían justamente los Caudillos culturales en la Revolución mexicana, donde hay una biografía más o menos extensa de los dos protagonistas: Gómez Morín y Lombardo Toledano. Y el segundo libro de Krauze, que es una biografía intelectual, la biografía intelectual de Daniel Cosío Villegas, lo atribuyó a que él estaba abriendo brecha”.







