“Hay zonas del ser humano a las que solo se llega por la ficción”: Juan José Millás |Video
El narrador español habla sobre su novela ‘Solo humo’, y reflexiona sobre la injerencia de la inteligencia artificial.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
A Juan José Millás (1946) la lectura le cambió la vida. No solo se considera un lector enfermizo, también se asume como un hombre curioso que desde hace años no sabe lo que es dejar de leer. Justo sobre eso versa Solo humo (Alfaguara), una novela que trata sobre un joven que intentará descubrir cómo era su padre a través de su biblioteca y sobre los mecanismos a través de los que se construye la identidad.
“La identidad se parece un poco a las aplicaciones que ponemos en el teléfono móvil, se construye con cosas que tomamos de la vida, de nuestros padres, profesores, compañeros, amigos, parejas, y de los productos culturales”, explica Millás al hablar sobre la influencia de la cultura y la lectura en el ser humano.
Ya tenía tiempo sin publicar novela, ¿cómo fue el proceso de Solo humo?
Efectivamente, en los últimos años estuve ocupado en dos libros que escribí con el paleontólogo Juan Luis Arzuaga. Las novelas se escriben cuando ellas quieren, no cuando uno lo desea. Ya tenía mucho tiempo tomando notas para esta obra, diría que años buscando entre ensayos literarios algo que explicara lo turbadora que es la experiencia lectora. Para mí, leer ha resultado una experiencia peligrosa y de alto riesgo. Durante algún tiempo tuve un cuaderno de notas con la idea de escribir un ensayo donde contara mi experiencia como lector, pero este registro me parecía muy frío y finalmente acabé por encontrar esta fórmula narrativa para contar lo mismo a través de la novela y unos personajes.
¿Qué tipo de lector es?
Soy un lector enfermizo, pero al mismo tiempo no concibo un lector que no lo sea. Cuando un libro me atrae sobre todo de narrativa, me sumerjo en él de un modo que me desdoblo realmente. Si llega la hora de la cena y tengo que prepararla, igual me quedo dentro de la obra. No puedo pasar un solo día de mi vida sin leer, hace muchísimos años que no pasa un día sin que lea algo.
La novela trata de un joven cuyo padre muere y se propone conocerlo a través de los libros de su biblioteca. ¿Qué pueden decir nuestros libros de nosotros?
Nosotros nacemos con predisposiciones genéticas, pero sin identidad. Nos ponen un nombre que termina por encarnarse en nosotros, pero esa lleva su tiempo. La identidad se parece un poco a las aplicaciones que ponemos en el teléfono móvil, se construye con cosas que tomamos de la vida, de nuestros padres, profesores, compañeros, amigos, parejas, y de los productos culturales. Tomamos mucho de las películas, las novelas, o las canciones para nuestra educación emocional. Los seres humanos hemos inventado los cuentos, pero luego los cuentos nos inventan a nosotros porque nos comportamos como personajes. Además, nunca podemos llegar realmente a decir “ya estoy hecho”, en dado caso podemos decir “ya estoy deshecho”. Hoy la ficción tiene mucha influencia, nunca antes se había consumido tanta ficción, ya sea a través de las plataformas, el cine o los libros. Sin duda, esa ficción influye muchísimo en la construcción de la identidad, por eso los padres tienen tantos reparos a que los hijos accedan muy pronto a los teléfonos móviles.
¿Por qué la ficción es tan importante?
Hay zonas del ser humano a las que solo se llega a través de la ficción, por eso se creó el mito. Los seres mitológicos son arquetípicos y traducen una generalidad que nos concierne a todos. Nuestra parte racional es pequeña en comparación con la emocional y a las emociones solo se llega a través del mito o la ficción, de ahí los cuentos de la tradición oral. Vladimir Propp, un formalista ruso de principios del siglo XX, hizo un estudio de los cuentos orales en el mundo y descubrió que solo había diez arquetipos, es decir de personajes que tienen que ver con la naturaleza humana y su construcción.
Herramientas de la inteligencia artificial como el Chat GPT, capaz de escribir ficción o guiones, ¿cree que amenacen nuestra relación con la ficción?
Hablar ahora de las posibilidades de la inteligencia artificial es como si dos personas que recién inventaran el modo de hacer fuego intentaran llegar a un mechero. El potencial de la inteligencia artificial es tan brutal que no somos capaces de imaginar hasta donde podemos llegar. Ahora mismo que estamos en la edad de piedra de la inteligencia artificial, vemos que ya es capaz de construir discursos con una sintaxis perfecta y que supera al 95 por ciento de la población. En el terreno de la imagen ya vemos imágenes de una calidad increíble hechas con esta herramienta. Suelo jugar o interactuar con el Chat GPT y me asombra la coherencia y la sintaxis que ofrece. Es tan sorprendente que a veces pienso que la inteligencia artificial a veces se hace la tonta, de manera que no me extrañaría que terminara escribiendo novelas estupendas.
Hace poco el Nobel chino, Mo Yan, reconoció que había escrito un discurso con ayuda del Chat Gpt, ¿se ve haciendo algo parecido?
No lo sé. Yo solicito al Chat GPT que me aclare cosas e interprete sueños y lo hace, es verdad que todavía ofrece un discurso de manual, pero si le añades un poco de creatividad queda un texto decente. Hace pocos años cuando un científico escribía un texto para una revista científica tenía que hacerlo en inglés, ahora según me cuentan, lo hacen en castellano y Google lo traduce, después solo ajustan tres o cuatro cosas. El Chat GPT, creo, tiene una versión más desarrollada que parece que entiende la ironía. La informática y el mundo digital supone un cambio exponencial, no lineal como el provocado por la revolución industrial. En los últimos sesenta años el mundo ha cambiado más que en los quinientos anteriores. Además, la inteligencia artificial aprende de quienes la usamos, de modo que continuamente se transforma. No ha habido ningún suceso a lo largo de la historia comparable con la inteligencia artificial, para encontrar algo comparable habría que ir a la invención del fuego.
Veo que le entusiasma el tema.
El entusiasmo viene de la fascinación. No digo que vaya a ser bueno o malo, seguramente el periodo más feliz de la especie humana fue el paleolítico, el neolítico fue un desastre porque si bien cultivó la tierra y creó la ganadería, empezó con la propiedad privada, la idea del excedente y el miedo a perder sus pertenencias, es decir, un modo incipiente del capitalismo. Mi fascinación parte de la curiosidad, pero no tengo opinión sobre si será buena o mala, seguramente será mala porque la capacidad autodestructiva del ser humano es tremenda.
La novela toca varios asuntos que lo han obsesionado a lo largo de su carrera como la muerte o el paso del tiempo. ¿Cómo se siente al abordarlos ahora?
La percepción del tiempo cambia con el paso de los años. Cuando uno es joven dura mucho, recuerdo lo largas que eran las vacaciones de navidad, ahora no dura nada, hay veces que siento que es lunes cuando me levanto y viernes cuando me acuesto. Decía Borges: la vida es corta y las horas cortas. Ahora mi relación con el tiempo es caótica, a veces se rompe la continuidad.
¿Su vida es corta o larga?
La mayoría debemos pensar que es corta porque no hacemos más que alargarla, incluso en condiciones espantosas. Hemos conseguido alargar la vida, pero no mejorar su calidad. Yo no quiero eso para mí, cuando no pueda practicar las cosas que me interesan, sobre todo la lectura, la vida habrá perdido sentido. No tengo un gran interés por alargar la vida.
En una parte del libro, uno de los personajes dice que hay que leer, pero con responsabilidad. ¿A qué se refiere?
Me remito a los cuentos de la tradición oral, aquellos relatos que se contaban alrededor del fuego después de una jornada de trabajo. Siempre digo que se contaban no para entretener sino para que los oyentes supieran cómo era el mundo, eran representaciones de la realidad, por lo tanto, el narrador era responsable de algo. El entretenimiento puede ser una coartada, pero conviene saber que somos responsables de nuestra lectura y en la medida de eso deberíamos seleccionarlas mejor.

