Saltar al contenido principal

Trump mueve el tablero energético de América Latina | Artículo de Carlos Gutiérrez Bracho

Con el mayor acuerdo petrolero de la historia, como lo llamó Trump, Washington consolida su control sobre Venezuela. ¿Qué significa para América Latina que Estados Unidos formalice esta forma de relacionarse con el continente?

  • Redacción AN/ SBH
10 Sep, 2026 17:43
Trump mueve el tablero energético de América Latina | Artículo de Carlos Gutiérrez Bracho

Por Carlos Gutiérrez Bracho | CONNECTAS

Fiel a su estilo, el presidente de Estados Unidos no tuvo pudor en anunciar “el mayor acuerdo petrolero de la historia” con Venezuela. Pero su mensaje dejó más preguntas que respuestas, sobre todo en cuanto al objetivo de devolver la democracia al país sudamericano. También muestra grandes vacíos sobre el procedimiento, la naturaleza real de la negociación, sus beneficiarios, sus alcances y, sobre todo, el papel que su gobierno se reserva para el futuro de la principal industria venezolana.

Donald Trump publicó el mensaje en su red Truth Social en la tarde del viernes 28 de agosto. Según él, su administración había tomado el “control mayoritario” de más de 65.000 millones de barriles de reservas de crudo venezolano, “sin costo alguno para el contribuyente estadounidense”. Aseguraba, además, que la operación permitiría reducir sustancialmente los precios de la gasolina para los estadounidenses y que Venezuela quedaría encaminada hacia “un rumbo de tremendo éxito y gran prosperidad”.

¿Qué es lo que realmente pretende Washington? Ninguno de los especialistas consultados desliga del todo el acuerdo petrolero de la denominada Doctrina Donroe, que busca recuperar el predominio de Estados Unidos en el continente. Juan José Carbajales, ex subsecretario de Hidrocarburos de Argentina, estima que detrás del histórico acuerdo, Washington envía el mensaje de que América Latina vuelve a ser “el patio trasero” de Estados Unidos, mediante una estrategia de dominación energética destinada a expulsar las “potencias extranjeras malignas”, en referencia a China y Rusia.

Así, esa disputa iría más allá del petróleo. Carbajales sostiene que hoy día las potencias batallan por las cadenas de suministro de los minerales críticos, y que Estados Unidos busca impedir que queden principalmente a merced de China. Según el análisis de Petr P. Tákovlev en el paper “Trump 2.0 y Venezuela: la ‘doctrina Donroe’ en acción”, las relaciones comerciales y económicas entre China y los países latinoamericanos han alcanzado proporciones enormes. Las empresas chinas han incrementado rápidamente sus suministros de productos industriales y participan en proyectos de infraestructura a gran escala, mientras América Latina abastece al mercado chino con productos alimenticios y materias primas de importancia crítica.

También señala que durante las últimas dos décadas el comercio entre China y América Latina se multiplicó por nueve, mientras con Estados Unidos –excepto México– no llegó al doble. Para Washington, sostiene el investigador, la cooperación entre China y América Latina representa una amenaza estratégica.

La Casa Blanca, añade Tákovlev, también ve a Latinoamérica como una oportunidad única para acceder a los enormes recursos naturales que demanda la transformación tecnológica. Desde esa perspectiva, la operación petrolera puede ser solo una parte de una disputa mucho mayor por los recursos estratégicos del subcontinente.

En su artículo, el académico del Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Rusia, detalla el valor de dichos recursos. Afirma que Venezuela también tiene las mayores reservas de gas natural de Latinoamérica (aproximadamente el 70%), tierras raras, bauxita, oro, níquel y coltán, “que se ha vuelto extremadamente codiciado en los últimos años, tanto, que lo llaman el ‘mineral de la sangre’ debido a que su posesión alimenta las guerras civiles en países como Congo, Ruanda y Uganda”.

Venezuela aparece, pues, como la gallina de los huevos de oro en Latinoamérica. Estados Unidos hace esfuerzos por asegurarse el control de gran parte de su tesoro petrolero y mineral antes de que pueda existir un gobierno legalmente electo capaz de definir por sí mismo las condiciones. En este escenario, resulta difícil imaginar que Trump realmente busque un camino de reconstrucción, transición y prosperidad en Venezuela, como presume.

Un acuerdo muy opaco

“El anuncio fue una sorpresa”, confiesa Brian Naranjo, ex alto funcionario del Servicio Exterior estadounidense. Le llama la atención que saliera en la tarde de un viernes, horario que, según su experiencia, Washington utiliza para sacar anuncios “basura” de la agenda mediática. También considera “muy extraño” que el mensaje apareciera sin detalles, presentara verdades a medias, y que hubiera que esperar hasta el lunes para que la Casa Blanca difundiera su comunicado oficial.

Y efectivamente, Washington confirmó el acuerdo y sumó un dato relevante: la intermediación de una desconocida empresa petrolera privada. En efecto, según el comunicado,  las autoridades interinas venezolanas habían otorgado a North American Blue Energy Partners (NABEP) concesiones por 100 años sobre 17 yacimientos que representan el 21,5% de las reservas probadas de crudo venezolano. El gobierno de Trump sostuvo que, sin embargo, el convenio “garantiza” el dominio energético sin costo para Estados Unidos.

De acuerdo con la Casa Blanca, esas concesiones se amparan en una nueva ley de hidrocarburos, que Venezuela aprobó por solicitud de Estados Unidos, destinada a  modernizar y privatizar el sector petrolero. NABEP pagaría alrededor de 200.000 millones de dólares “en regalías e impuestos durante los primeros 25 años”. El comunicado añadió que la mayoría de los yacimientos se encontraban bajo control de empresas rusas y chinas o de aliados de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, a quienes acusó de ser “actores extranjeros malignos” que habían saqueado los recursos del país.

Pero no solo sorprendió que una empresa se convirtiera en la única beneficiaria de un acuerdo de esas dimensiones. También resultó llamativa la presencia en ella de su principal directivo, el venezolano Alejandro Betancourt López, quien, como lo describe Naranjo, es “francamente un malandro”. De acuerdo con BBC, este “bolichico” millonario tuvo grandes negocios con el gobierno desde la época de Chávez y al menos cinco países lo han investigado judicialmente durante los últimos 15 años. Sin embargo, en una entrevista con el periodista Sergio Novelli, de UHN Plus, el secretario de Estado Marco Rubio sostuvo que no existe ninguna investigación contra él en el sistema estadounidense. Tampoco explicó cómo Betancourt entró en negociaciones con la administración trumpista.

La aparición en prensa de Marco Rubio ha sido interpretada como un esfuerzo de Washington por calmar los nervios que dejó el anuncio. El funcionario tampoco respondió las principales interrogantes. Incluso las aumentó cuando dijo que Estados Unidos tiene una participación porcentual en la empresa de Betancourt “a través del Departamento de Guerra”, mediante “una cuenta especial que puede tomar posesión de determinados porcentajes”. Afirmó que el acuerdo producirá regalías para el gobierno venezolano, que “eventualmente será democráticamente electo en una república”.

Sin embargo para Óscar Murillo, coordinador general del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), la entrega de los yacimientos no cumple con los procedimientos legales de Venezuela ni con la Constitución. A ello se suma la cuestionada legitimidad de la Asamblea Nacional, que no tiene la credibilidad ni la confianza derivadas de unas elecciones legales.

Ganadores y perdedores

La pregunta es quién sale ganando realmente en esta opaca negociación. Naranjo lo interpreta desde la agenda política de Estados Unidos. Piensa que, a dos meses de las elecciones de Congreso, Trump necesita distraer a su opinión pública ante la creciente inflación y uno de cuyos puntos más sensibles es el precio de la gasolina. De no lograrlo, Trump podría perder influencia en la Cámara de Representantes, y posiblemente también el control del Senado.

El ex diplomático encuentra una lógica semejante en Venezuela. Supone que Delcy Rodríguez también necesita distracciones debido a la compleja situación interna tras su errática respuesta al terremoto. Además, ya venció el periodo constitucional para declarar la ausencia del presidente y convocar elecciones. Por otro lado, encuentra que Estados Unidos está aprovechando el vacío institucional para construir acuerdos y marcos legales que podrían dejar “de manos atadas” a quien llegue después de Rodríguez.

Sin embargo, las hipótesis para explicar la movida de Trump se estrellan con la realidad, pues los expertos entrevistados coinciden en que este no es un negocio rentable a corto plazo. Alcanzar la producción esperada requerirá invertir grandes sumas en recuperar o reconstruir la infraestructura en Venezuela. Por eso mismo, es imposible que en pocos meses el precio del barril llegue a los 80 dólares, el valor necesario para que baje el precio de la gasolina en Estados Unidos. Esa circunstancia envuelve al “acuerdo petrolero del siglo” en un misterio aún más indescifrable que, en todo caso, deteriora aún más  la soberanía venezolana y, sobre todo, concreta en definitiva el tono de las relaciones de Washington con sus aliados en el subcontinente.

Cada semana, la plataforma latinoamericana de periodismo CONNECTAS publica análisis sobre hechos de coyuntura de las Américas. Si le interesa leer más información como esta puede ingresar a este enlace.