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AMLO en La Chingada | Artículo de Héctor Tajonar

La némesis del expresidente no vendrá de los dioses del Olimpo sino de alguien que se llama como él, su hijo y delfín Andrés Manuel López Beltrán.

  • Héctor Tajonar
07 Oct, 2026 18:16
AMLO en La Chingada | Artículo de Héctor Tajonar

El tercer año del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum definirá el carácter de su sexenio y el futuro de la nación. El dilema es rotundo: O se libera del yugo regresivo y podrido del obradorato o su gobierno y la nación se irán al rancho del expresidente. La pregunta es si la mandataria quiere y puede desprenderse de su captor.

Un día antes del inicio del último cuatrienio del sexenio actual, Andrés Manuel López Obrador reapareció para informar de la publicación del libro titulado Pueblo, dedicado “a la mejor presidenta del mundo”. Muy orondo, destacó los logros de su gestión y la lealtad de su sucesora; recordando, sin mencionarlo, que la función central del presente gobierno ha sido hacer realidad las reformas constitucionales, surgidas del (funesto) Plan C, aprobadas en el Congreso en septiembre de 2024.

Con sumisión y eficacia, la presidenta Sheinbaum logró consolidar jurídica y políticamente el nuevo régimen político de la 4T que condujo a la destrucción del orden institucional y a la devastación de la democracia, mediante:
La eliminación de la división de poderes, el desmantelamiento del Poder Judicial, la captura del Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, así como de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

La cancelación de todos los organismos autónomos que pudieran limitar el ejercicio despótico del poder presidencial.

El control de la Fiscalía General de la República y la militarización del país que han permitido garantizar la impunidad de la narco política, así como de la corrupción ligada a una estructura de macrocriminalidad sin precedente.

La imposición de un brutalismo comunicacional que promueve la polarización y la intolerancia al disenso, sumada a la intimidación de periodistas, intelectuales y medios críticos del régimen autocrático, militarizado y vinculado al crimen organizado.

Misión cumplida. ¿Qué sigue?

Como peje en el agua, sentado en una mecedora en la terraza de su guarida VIP, el demagogo supremo aclaró con sorna que no quiso ser “cacique, ni caudillo, ni jefe máximo, ni poder detrás del trono”. Nada más dueño y señor de La Chingada.

Con desparpajo y descaro insuperables, el fundador y propietario vitalicio de la fantasiosa cuarta transformación espetó una perorata de ochenta minutos plagada de autoelogios y mentiras, difamaciones e insultos. Un autorretrato surrealista que ni Frida lo tiene.

Presa de una amnesia voluntaria demencial, habla como si todavía tuviera todo el poder en sus manos y, por supuesto, como si no existieran los escándalos de corrupción del calibre del huachicol fiscal, la narcopolítica, la macrocriminalidad o la acusación oficial del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa (hoy con licencia) y nueve funcionarios y ex funcionarios de su gobierno, imputados de alianza con el Cártel de Sinaloa y de haber convertido a ese estado en el epicentro del tráfico mundial de narcóticos.

Y como si el gobierno de Trump no tuviera información detallada proveniente de fuentes privilegiadas del crimen organizado que se encuentran en prisiones estadounidenses o fungen como testigos colaboradores. Además de los servicios de inteligencia que allá sí funcionan y tienen en la mira a miembros distinguidos de la oligarquía morenista, que responden a las órdenes de ya saben quién. Como debe ser, el capo de tutti capi es el hombre mejor informado de México. El miedo no anda en burro.

“Ya no hay corrupción, digan lo que digan”, enfatiza con el índice en alto. Como si ignorara las andanzas de sus hermanos putativos Rubén Rocha Moya (aludido antes) y Adán Augusto López (el de La Barredora, entre otros ilícitos); el almirante Rafael Ojeda, secretario de Marina durante su sexenio (relacionado con el mega desfalco criminal del huachicol fiscal y que no lo encuentran), el general Audomaro Martínez, su ex jefe de seguridad (otro presunto implicado en el atraco sangriento del huachicol fiscal). Además de las cuitas de sus vástagos.

Patético y delirante, el video confirma que López Obrador sigue padeciendo el síndrome de hibris, estudiado por el político y médico británico David Owen, cuyos síntomas son: narcisismo crónico, apego al poder y búsqueda de gloria, identificación de sí mismo con el Estado y el pueblo, desprecio del consejo ajeno y rechazo a la crítica, impulsividad y falta de reflexión en declaraciones y toma de decisiones, sentimiento de omnipotencia y pérdida de contacto con la realidad (En el poder y en la enfermedad. Enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno en los últimos cien años. Siruela, 2011, pp. 28 y 29).

Basta con detectar tres o cuatro de esos síntomas para diagnosticar el síndrome de hibris. Es claro que en el caso del ex mandatario se cumplieron todos durante su sexenio y que esa psicopatología política sigue vigente, como se muestra con nitidez en el video de La Chingada.

Desde la antigua Grecia, hibris significa desmesura, arrogancia, desenfreno, soberbia. Quien cometía esos excesos, propios de la megalomanía política, era severamente sancionado por Némesis, diosa del castigo. ¿Quién será la némesis de López Obrador?

ANDY, NÉMESIS DE AMLO

La némesis del expresidente no vendrá de los dioses del Olimpo sino de alguien que se llama como él, su hijo y delfín Andrés Manuel López Beltrán. Andy se ha hecho famoso por su desdén público a la presidenta Sheinbaum, sus despilfarros en Japón, su cena de lujo con uno de sus hermanos y un acaudalado empresario y, sobre todo, por las múltiples evidencias de corrupción, abuso de poder, tráfico de influencias y otros delitos vinculados con el crimen organizado en el huachicol fiscal, los trenes Maya e Interoceánico, Dos Bocas y la distribución de medicinas.

Cuando se dio a conocer que le habían quitado su visa de Estados Unidos, Andy escribió una carta, seguramente dictada por papi, dirigida a Donald Trump. La misiva es una joya de la estulticia y la psicopatología política.

El New York Times publicó hace unos días que dos agencias del gobierno estadounidense están investigando el involucramiento de Andy con el crimen organizado. La localización de su amigo, intermediario y socio Amílcar Olán en Suiza ha ocasionado alarma en Palenque y Palacio Nacional porque podría convertirse en testigo cooperante. Sabe mucho y podría revelarlo. Su vida está en peligro, por eso huyó de Suiza.

Otra fuente de información invaluable sobre las transas de Andy es Miguel Ángel Solano Ruiz, el Capitán Sol, que acaba de ser aprehendido. Él fungía como coordinador del tráfico de combustible ilegal operado por una red dirigida por altos mandos de la Secretaría de Marina, comandada en el sexenio pasado por el Almirante Ojeda, quien fue citado para comparecer como testigo pero no se le ha localizado.

La Fiscalía General de la República tiene abiertas carpetas de investigación en las que aparece Andy, algunas se han filtrado a medios de comunicación. La alternativa es clara: procurar justicia o convertirse, como hasta ahora, en encubridores y cómplices. Es cuestión de tiempo y, ante todo, de voluntad política de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Andy es la némesis de AMLO. Hay otros. Si la justicia mexicana no actúa, seguramente lo harán las autoridades de Estados Unidos.

COLOFÓN

El brutalismo comunicacional ejercido con cobarde impunidad durante las mañaneras de López Obrador se ha repetido ahora con la misma bajeza moral que caracterizó a su sexenio. El brutalismo comunicacional es una faceta de la psicopatía política y, por tanto, comparten rasgos psicopáticos, conductas y anti valores. Menciono algunos:

-La manipulación como herramienta fundamental de la acción pública. El uso compulsivo del engaño y la mentira para conseguir sus objetivos.

-Falta de empatía o incapacidad de conectar con el sufrimiento de los demás.

-Ausencia de remordimiento e indiferencia total hacia el daño causado a la sociedad y, por supuesto, a los adversarios a quienes se considera enemigos.

-La embriaguez de poder, como la llamó Bertrand Russell. El poder es el fin último de toda la actividad política. Es creciente e insaciable y justifica toda conducta que lleve a conseguirlo y aumentarlo.

En el caso de AMLO, la 4T y Morena, el brutalismo comunicativo se expresa en la campaña de propaganda permanente centrada en el culto a la personalidad del autócrata, basada en los principios y técnicas de la propaganda nazifascista de Hitler y Goebbels. La propaganda debe corresponder al nivel cultural de las masas. A fin de conquistar el alma de la muchedumbre es necesario apoderarse de sus pasiones y prejuicios. El mensaje debe dirigirse a la emoción, no al intelecto, mediante frases simples reducidas a eslóganes y símbolos que deben ser repetidos hasta la saciedad para lograr su retención y eficacia. La meta es controlar la voluntad popular para manipularla. Conviene identificar al adversario como un enemigo unitario.

Jacobo Dayán cita textualmente los principios Goebbels en su nuevo libro Brújula moral: Resistencia y propaganda durante el nazismo. Carmen Aristegui los leyó en su noticiero.

La artera agresión a Carmen Aristegui y a otros destacados periodistas debe ser juzgada bajo esta perspectiva, es decir, como difamación artera y ruin fruto de la psicopatía política autoritaria. Mi solidaridad con Carmen, extensiva a mis otros colegas.