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“Me parece inquietante el menor espacio que existe para la sátira y la provocación”: Jesús Silva-Herzog Márquez |Video

El escritor publica ‘Andar y ver’, libro donde hace un repaso por sus gustos artísticos.

  • Redacción AN / HG
04 Jun, 2023 06:50
“Me parece inquietante el menor espacio que existe para la sátira y la provocación”: Jesús Silva-Herzog Márquez |Video
(Taurus).

Por Héctor González

En 2005 Jesús Silva-Herzog Márquez comenzó a reunir sus artículos sobre arte y cultura bajo el nombre de Andar y ver. Los dos primeros títulos circularon bajo el sello, ya desaparecido El Equilibrista. Hoy la tercera de esta saga circula aparece bajo en sello de Taurus.

En esta nueva colección de textos, el autor da cuenta una vez más de la importancia del arte como herramienta para refrescar y ampliar horizontes, de cara a su labor académica y como analista político. Escribir sobre la música de Rosalía, la poesía de Anne Carson, el cine de Alejandro González Iñárritu o los performances de Marina Abramovic, “nos da pistas para pensar distinto y no tragarnos la idolatría a la política que marca nuestra época”, explica Silva-Herzog Márquez al referirse a esta suerte de bitácora de gustos y aficiones.

Andar y ver ya se convirtió en una saga de gustos y disgustos artísticos, ¿no?

Son más los gustos, en general es una recopilación de cosas que uno va agradeciendo y disfrutando.

Creo que este libro ante todo lo muestra como un hombre curioso.

Ese calificativo me gusta porque creo que en eso hay un atrevimiento por compartir descubrimientos de novato y atreverse a hablar de cosas sin pretensión alguna.

Al hablar de la música de Rosalía se sale de su estado de confort que habitualmente está en los asuntos políticos.

Creo que ambas cosas vienen más o menos del mismo impulso: identificar el impacto del acontecimiento, en el entendido de que el acontecimiento puede ser un libro, un discurso, una ley o una exposición. El ejercicio de la crítica consiste en escudriñar en cuáles son las razones de acercarse y encontrar afinidad o repulsión con estas manifestaciones. En la escritura está no tanto la expresión de lo que uno piensa, ya sea sobre política o música, sino la búsqueda de lo que uno piensa. Al menos en mi caso, me doy cuenta de lo que pienso cuando lo paso por el tamiz de la escritura.

En este tipo de ensayos deja ver ciertos rasgos personales, por ejemplo, cuando escribe sobre Bardo, la película de Alejandro González Iñárritu explica que la paternidad es lo que más llamo su atención del filme.

Sí, a pesar del intento de no hacerlo hay algo más personal. Uno se muestra más cuando revela sus gustos que cuando se confronta con la política. Supongo que ahí hay puntos para hacer una silueta personal.

¿Se cuida de no hacerlo?

Sí, tiendo a no hacerlo, no me parece interesante. En la tradición del ensayo más que en la academia, hay una afirmación de la primera persona del singular. En mi caso tiendo a explorar más lo que el mundo me provoca que a expresar mi propia vida.

Desde la primera entrega de Andar y ver, publicada en la editorial El Equilibrista, hasta ahora hay una toma de pulso de la cultura. ¿Cómo percibe este pulso ahora?

Hay una corriente de continuidades, en el mundo de la cultura encontramos un flujo que trae aguas de muy atrás y que se van renovando. Las disrupciones son una especie de afirmación de lo que provoca esa reacción en un pintor o artista. El cambio que percibo y que me parece inquietante, está en el menor espacio que existe hoy para la sátira y la provocación. Me preocupa la tendencia a excluir, eliminar o cancelar a quienes tienen posiciones contrarias a las que parecen correctas, eso no estaba en el horizonte hace quince o veinte años. Ahora se visten de progresistas quienes tratan de eliminar de la conversación todo aquello que no los hace sentir seguro.

¿A qué atribuye esto?

Al predominio de la cultura que hace a quien se presenta como víctima el gran personaje de nuestro tiempo. No se reivindican tanto los derechos como la causa y en ese sentido, es la credencial más persuasiva para entrar en el espacio público. Hoy como siempre, necesitamos el debate y eso implica que nos consideren personas pensantes que no se desmoronarán si nos dicen una palabra ofensiva.

¿Corren en paralelo los discursos artísticos con el discurso político de la sociedad latinoamericana?

Hay una comunicación o diálogo entre las expresiones de la cultura y el poder. Es muy importante reivindicar que la cultura sostenga sus razones propias y que no se entienda nada más como una subordinada de causas políticas. El arte debe defender su propio estatuto. Me parece válida la desconfianza de Octavio Paz ante la politización abierta de la literatura a fin de evitar que se convierta en propaganda.

¿Qué aporta una película o un libro a su análisis político?

Me parece refrescante, me permite tomar distancia de lo que tenemos enfrente. A quienes comentamos la política nos ayuda a no respirar el mismo aire. Tomar distancia y ver lo que nos puede decir una película, una pieza de música, una instalación o un performance, nos da pistas para pensar distinto y no tragarnos la idolatría a la política que marca nuestra época. La reflexión imaginativa desde la cultura coloca las cosas en el sitio donde les corresponde.

¿Es más importante esa reflexión imaginativa que la política?

Puede ser más importante en una dimensión personal e íntima. Nuestra vida está armada por estas afinidades. Nos define más y de una manera más profunda la música que nos gusta, la comida, las antipatías a ciertas expresiones, que la persona o el partido por el que votamos. Habiendo dicho esto, la gravedad de la política sí puede hacer la diferencia entre que estemos vivos o no, en un país como el nuestro, el dramatismo de la política es innegable.

 

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