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🟣 8M | Sororidad, ¿mito cultural o herramienta de cambio social?

Qué significa sororidad, cuál es su origen histórico y cómo ha influido en movilizaciones y cambios institucionales en el marco del 8M.

  • Redacción AN / SH
04 Mar, 2026 14:06
🟣 8M | Sororidad, ¿mito cultural o herramienta de cambio social?
Foto: Cuartoscuro

Cada 8 de marzo, la palabra “sororidad” aparece en consignas, publicaciones y debates públicos. Sin embargo, su significado va más allá de la solidaridad cotidiana. Se trata de un concepto con antecedentes históricos, desarrollo académico y presencia en procesos recientes de movilización social.

Desde que el filósofo Miguel de Unamuno advirtió en 1921 la ausencia de un término equivalente a “fraternidad” para referirse al vínculo entre mujeres, hasta que la antropóloga Marcela Lagarde definió la sororidad como una alianza estratégica frente a la desigualdad estructural, el término ha evolucionado como categoría política y social.

En el marco del 8M, especialistas en estudios de género señalan que tener sororidad implica reconocer intereses compartidos, construir redes de apoyo y actuar de manera colectiva ante contextos de discriminación. Su alcance puede observarse en movilizaciones como MeToo, donde la articulación masiva de testimonios modificó el debate público y abrió discusiones legislativas en distintos países.

Sororidad: del vacío lingüístico a la categoría política

En 1921, Unamuno señaló en su novela Tía Tula que, mientras existía el término “fraternidad” (derivado del latín frater), no había una palabra equivalente basada en soror, hermana. Esta observación lingüística fue retomada décadas después por Lagarde, quien incorporó el concepto al análisis feminista latinoamericano.

Foto: Cuartoscuro

Lagarde definió la sororidad como un pacto político entre mujeres para impulsar agendas comunes y enfrentar estructuras de desigualdad. En su trabajo académico, la autora sostiene que nombrar este tipo de vínculo permite identificar formas históricas de apoyo entre mujeres y dotarlas de dimensión pública y política.

En el ámbito científico, diversos estudios han examinado los patrones de cooperación en mujeres.

En 2000, la psicóloga Shelley E. Taylor publicó en Psychological Review el modelo “tend and befriend” (cuidar y vincularse), que propone que, ante situaciones de estrés, las mujeres tienden con mayor frecuencia a generar alianzas sociales como estrategia adaptativa.

Investigaciones en comportamiento organizacional y trabajo en equipo también han documentado que la diversidad de género puede asociarse con dinámicas colaborativas y procesos de toma de decisiones más deliberativos. Expertos precisan que estos hallazgos describen tendencias observadas en determinados contextos y no establecen determinismos biológicos.

De la movilización digital a los procesos institucionales

La sororidad ha sido utilizada como marco interpretativo para analizar movilizaciones contemporáneas.

El movimiento MeToo, iniciado en 2017, permitió la difusión masiva de testimonios sobre acoso y violencia sexual a través de plataformas digitales. Estudios en comunicación han descrito este fenómeno como una forma de articulación colectiva que incide en la agenda pública.

En España, las movilizaciones tras el Caso La Manada derivaron en un debate jurídico que culminó con la resolución del Tribunal Supremo en 2019, que reclasificó el delito como violación. Posteriormente, en 2022, se aprobó la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual. Analistas señalan que la movilización social formó parte del contexto que acompañó estas reformas.

Foto: Cuartoscuro

Académicas en estudios de género indican que la sororidad no implica ausencia de diferencias o conflictos entre mujeres, sino la construcción de alianzas en torno a objetivos compartidos. Asimismo, subrayan la importancia de un enfoque interseccional que considere factores como origen étnico, condición socioeconómica, orientación sexual o discapacidad.

En el marco del 8M, la sororidad se consolida como un concepto que articula antecedentes históricos, desarrollo teórico y prácticas de acción colectiva. Su presencia en el debate público refleja su incorporación al lenguaje político y social contemporáneo.

La sororidad es mucho más que una palabra: es una práctica diaria de resistencia, cuidado y alianza. No obstante, para que siga siendo eficaz, debe resistir la tentación de convertirse en una simple “palabra de moda”.

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