Minka: Una práctica ancestral que las industrias actuales necesitan aprender
"Minka", del quechua minccacuni, significa "pidiendo ayuda prometiendo algo". En el Imperio Inca, significaba trabajo colectivo para el bien común: familias que construyen casas juntas, comunidades que cuidan a los ancianos, cosechas reunidas como una sola.
- Redacción AN / AG

Por Santiago Gowland, CEO de Rainforest Alliance.
He pasado la mayor parte de tres décadas viajando entre dos mundos, preguntándome si alguna vez se encontrarían.
Uno es el mundo de las salas de juntas. El otro es el mundo de las granjas y los bosques: la Amazonía, los cinturones de cacao de África Occidental, los paisajes de pequeños agricultores de Indonesia y la granja en Argentina donde crecí. Durante la mayor parte de mi carrera, esos dos mundos parecían distantes entre sí. Las decisiones tomadas en la sala de juntas rara vez tomaban en cuenta a las comunidades sobre cuyo trabajo y ecosistemas se construyeron sus industrias. A lo largo de la agricultura de materias primas (commodities), muchas industrias aún juegan con reglas que se escribieron hace siglos. Pero últimamente, he visto cómo mis dos mundos se van acercando. Los modelos antiguos se están desmoronando, y el camino a seguir exige mirar hacia atrás, tanto para los líderes como para las distintas industrias.
El espíritu de Minka
Chumbaquihui es una de las más de 500 comunidades indígenas a lo largo de la cuenca del Amazonas, hogar de más de 2.8 millones de personas que colectivamente resguardan aproximadamente 2.4 millones de kilómetros cuadrados de bosque tropical. A principios de este año, tuve el privilegio de ser su invitado. Al llegar, con un recibimiento comunitario completo al ritmo de la música tradicional Kichwa, el Apu de la comunidad (o autoridad tradicional) y su esposa nos invitaron con orgullo a recorrer su centro de acopio de cacao. Mientras explicaba cómo el sistema centralizado permite a la comunidad organizar mejor la producción y generar mayor valor juntos, quedó claro que esto era mucho más que infraestructura física. Era un símbolo de lo que el esfuerzo colectivo ha hecho posible y la expresión de un instinto mucho más antiguo.
Llaman a esta idea “minka”, proveniente del quechua minccacuni, que significa “pedir ayuda prometiendo algo”. En el Imperio Inca, significaba trabajo colectivo por el bien común: familias construyendo hogares juntas, comunidades cuidando a sus ancianos, cosechas reunidas como una sola. Hoy en Chumbaquihui, significa caminos compartidos, cuencas hidrográficas restauradas, bosques conservados y un sistema colectivo de cacao que otorga a los agricultores individuales un poder de negociación que ninguno podría construir por sí solo. En Chumbaquihui no existe el concepto de externalidad. Todo tiene un costo y todo tiene un guardián.
Un ajuste de cuentas para el cacao
Lo que comunidades como Chumbaquihui han construido es extraordinario, pero es la excepción, no la regla. Según Oxfam, los agricultores de cacao ganan menos del 3% del precio final del chocolate que hacen posible. El agricultor promedio se acerca a los 60 años y muchos de sus hijos no quieren seguir sus pasos. El año pasado, los precios del cacao alcanzaron su punto más alto en 60 años debido a que las malas cosechas impulsadas por el clima devastaron la producción en Ghana y Costa de Marfil; un crudo recordatorio de que los costos postergados durante décadas eventualmente se terminan cobrando.
Esto no es una crisis de malas cosechas. Es la factura de un modelo que trató a la naturaleza y al trabajo como costos a evitar en lugar de activos en los que invertir. En un momento en que el futuro del cacao está a prueba por el cambio climático, la deforestación y la pobreza persistente, el sector enfrenta un ajuste de cuentas al que ninguna empresa puede responder por sí sola.
Competidores en la misma mesa
Es por esto que observo esfuerzos como los de la Fundación TogetherCocoa con verdadero interés. A principios de este año, cinco de las empresas de chocolate más grandes del mundo (Nestlé, Lindt & Sprüngli, Mars, Mondelēz y Hershey) constituyeron una fundación en Ginebra para cerrar la brecha de ingresos dignos para los hogares productores de cacao en Costa de Marfil y Ghana.
Competidores directos, en la misma mesa, diciendo finalmente lo que ha tomado demasiado tiempo decir: los desafíos colectivos exigen una acción colectiva. En productos, marcas y relaciones con los clientes: compitan fuertemente. En las condiciones fundamentales que hacen posible un sector viable (los medios de subsistencia de los agricultores, la salud del paisaje, los estándares compartidos): actúen como uno solo. No porque sea un acto de caridad, sino porque es lo único que funciona.
Cuando la aritmética da vueltas
Esto ya no es una cuestión utópica. Es una cuestión económica. Los ahorros de externalizar costos (por ejemplo, mantener a los agricultores en la pobreza, dejar que los suelos se agoten, talar bosques) son ahora menores que los beneficios de internalizar el valor (por ejemplo, capacitar a los agricultores, restaurar ecosistemas, pagar un ingreso digno). La aritmética de la explotación finalmente se ha invertido.
Ahora es el momento del verdadero liderazgo. Trabajar de manera precompetitiva significa mirar más allá del trimestre, más allá de tu propio estado de resultados (P&L), más allá del instinto de ganar solo. Significa hacerlo en el momento exacto en que la presión competitiva te grita que hagas lo contrario.
Vale la pena recordar por qué ese instinto está tan arraigado. La industria del cacao se construyó sobre la extracción de mano de obra y tierra, una lógica nacida en las economías de plantación coloniales que ha demostrado ser extrañamente duradera.
Estructuras como estas solo se rompen cuando las empresas dejan de competir en las cosas que deberían estar compartiendo.
Cuidar los bienes comunes
El futuro de la industria y la agricultura no se construirá empresa por empresa. Se construirá sistema por sistema. La Minka funciona en Chumbaquihui porque la línea entre lo individual y lo colectivo se traza exactamente donde la economía lo exige. Las fincas individuales se gestionan individualmente. Pero los caminos, el agua, el bosque: estos se cuidan juntos porque su deterioro perjudica a todos y su salud beneficia a todos. No se compite por los bienes comunes. Se cuidan juntos.
Estas comunidades han entendido desde hace mucho tiempo que algunos desafíos son demasiado grandes, están demasiado interconectados y son demasiado trascendentales para enfrentarlos solos. Sigamos su ejemplo y aceptemos que, a veces, el camino a seguir es la colaboración antes que la competencia.


