Saltar al contenido principal

'Cuarto 412. Un testimonio': narrar la propia enfermedad (Reseña)

El libro recopila el testimonio póstumo de Arnoldo Kraus sobre la enfermedad, la vulnerabilidad y la vida.

  • Redacción AN / HG
01 Nov, 2026 06:16
'Cuarto 412. Un testimonio': narrar la propia enfermedad (Reseña)

Por Marco A. Cervantes

La enfermedad nos rodea, entreteje nuestra existencia. Todos bordeamos las aguas pantanosas del malestar: podemos pasar de la orilla de la salud a la enfermedad en un instante. El padecimiento propio o ajeno puede convertirse, así, en uno de los acontecimientos más importantes de nuestra vida.

Frente a esta experiencia, la medicina moderna no siempre sabe escuchar y, por lo tanto, comprender: los médicos, muchas veces, miran a sus pacientes en los consultorios como un expediente más; mientras los enfermos ven en sus especialistas a técnicos que utilizan un lenguaje indescifrable.

El médico y ensayista Arnoldo Kraus (Ciudad de México, 1951-2025) dedicó buena parte de su trabajo a cuestionar esa distancia. En su práctica profesional, así como en sus libros y textos periodísticos, defendió la idea de que acompañar al enfermo y escucharlo con atención eran también formas de aliviar su sufrimiento. El padecimiento debía narrarse para poder comprenderlo y afrontarlo.

De médico a paciente

Esta concepción de la medicina adquiere un sentido particular en Cuarto 412.Un testimonio (Debate, 2026). Kraus inicia el texto con una anécdota: una mañana acude a una revisión médica de rutina. Al examinar los resultados de una tomografía, sus propios colegas, sorprendidos, le comunican que padece un cáncer avanzado. En ese momento, el médico se vuelve paciente; la enfermedad adquiere su propio rostro. El autor se retrata y se confronta con su nueva condición.

El libro póstumo recoge las primeras semanas de esa nueva condición. Para el médico, la enfermedad es materia de reflexión: una experiencia desde la cual interroga qué son la vida, el sufrimiento y la muerte. Cuarto 412. Un testimonio no es un diario ni un simple recuento de anécdotas, sino el relato íntimo de un médico y escritor que, al convertirse en paciente, ocupa el lugar de aquellos a quienes antes atendía; escribe: “Ser doctor enfermo abre puertas: se entiende y se vive el proceso desde el lugar del otro”.

Así, la medicina y la reflexión bioética dejan de referirse exclusivamente a la vida de los otros y adquieren una cuestión personal. Lo que antes podía comprenderse desde el conocimiento profesional debe ahora afrontarse desde la vulnerabilidad de quien recibe quimioterapia, sufre un dolor insoportable o por causa del malestar no puede conciliar el sueño durante las madrugadas.

En la obra de Kraus persiste una voluntad de mirar de frente la enfermedad, la vida y el bien morir. En Cuarto 412. Un testimonio narrar significa también reconocer que, incluso frente a la enfermedad y la muerte, es posible acercarse a los demás mediante la empatía, la compasión y la escucha. Tal vez esa sea una de las lecciones más importantes del libro y una de las formas en que perdura el legado del autor: narrar lo que nos duele y escuchar el dolor ajeno nos permite mirar nuestra propia vida desde otra ventana.

En el último párrafo del libro, Kraus escribió: “Dolor y alegría. Recuerdos y olvidos. Los días cáncer son similares a los días almanaque. Ahora convivo con ambos. Esa es la apuesta: convivir, con uno y con otro, con uno mismo”. Salud y enfermedad: dos orillas unidas por un mismo puente.

Temas Relacionados